David Ezpeleta
He pensado que, quizá, a alguien le pudiesen interesar las aventuras de un joven neurólogo durante los meses siguientes a ser alumbrado por el hospital que lo gestó [1]. A continuación expondré mis andanzas laborales por las yermas estepas nacionales [2]. Espero que alguien encuentre alguna utilidad en mis experiencias de estos últimos meses, que pueda aprender de los errores cometidos [3,4] pero, sobre todo, que jamás ponga en práctica todo aquello que parezca un acierto, pues seguramente no los haya. Tal vez se me tilde de orate, o se me compare con un retoño floral róseo, no me importa. El presente desconcierto desnudo está dedicado a todos los jóvenes neurólogos que quieran ser neurólogos [5]. Además, pretendo demostrar que los neurólogos somos polivalentes y positivos, como el magnesio o el calcio.
0. Después de la Residencia
Todos sabemos que, al terminar los cuatro años de formación, podemos tomar varios derroteros lógicos, acordes con lo realizado hasta ese momento. Disfrutar de una beca hasta ver qué sale, coger el petate y marchar a otro país a superespecializarnos o simplemente conocer otros modos de trabajo, permanecer al auspicio de nuestro antiguo servicio como asistente voluntario, sexar capones en una granja avícola, etc. No hablaremos aquí de nada de ello. Como verán, la lógica no fue mi guía, pues nunca hubo tal [6]. Para facilitar la digestión de esta empanada mental, procuraré clasificar los ingredientes en diversos epígrafes que faciliten su asimilación.
I. Suerte, Maestro
Se acabó. Suerte, Maestro, te dicen. Y te vas. Y sales a la calle. Y hace un frío que pela. El regalo de Reyes. Y te vas a casa a organizar tu futuro, con la ilusión de organizar tu futuro, que eso es mucho. Que no hay nada más excitante que hacer planes cuando se confía en uno mismo, que no... [7]
II. El Ridículum Vitae
Lo primero que hay que hacer es actualizar el Ridículum Vitae (RV). Lo miras y dices -qué enclenque-. Hay que rellenar más páginas. De pronto, sabes más idiomas que nadie, más informática que nadie, más estadística que nadie. Sin embargo, sigue famélico. Y te atreves, incluyes los interesantes e imprescindibles cursos que hiciste durante la carrera; "Curso sobre dinámica folicular ovárica", "Seminario de actualización en escoliosis idiopática", "Los ortópteros de la Rioja"... y el mejor de todos, "Estado actual de la cirugía ginecológica". Pero todavía le falta algo, el toque creativo. No lo dudas; "solfeo, armonía y cuatro años de piano"... No es de extrañar que el director de recursos humanos de un laboratorio me preguntase desconcertado acerca de mis motivos para incluir semejantes datos en el RV, a lo que contesté impasible arguyendo a las beldades de la plasticidad cerebral y creatividad de los músicos y a mi interés por las amusias; pude presenciar mi primer caso de disfagia selectiva para el café [8]. Lo sigo haciendo [9].
III. El "mailing" indiscriminado
Con todo mi candor e ilusión puse a prueba la paciencia de una estoica funcionaria de correos. Ya no me acuerdo, pero pude remitir unos 60 RV. A cambio, sólo conseguí una carta de respuesta que me preocupó bastante, pues quien la firmaba decía que "lo sentía mucho"; llegué a pensar que la lectura de mi RV podía ser una causa no descrita de "síndrome de Déjérine-Roussy", como secuela inopinada de un ictus tras la lectura de tamaño comistrajo [10].
IV. Recuperar el tiempo perdido
El período que discurre entre el final de la residencia y la consecución del primer trabajo estable es óptimo para dedicarse a todo aquello que no se ha podido realizar durante la época de residente, o resistente, como decía un amigo mío. Se han descrito casos de personas que han estudiado varias carreras durante dicho lapso [11]. Es buen momento para visitar a la familia, a los amigos lejanos, para terminar la redacción de las primeras publicaciones, para leer, para leer mucho, para leer mucha literatura no médica, para leer a Jardiel Poncela, que es un monstruo, para leer a San Juan de la Cruz, que es un Santo, para leer a Juan Ramón Jiménez, que es de Huelva, para aprender informática, tan necesaria, para cultivarse, que durante la residencia uno se atrofia, a veces, hasta el punto de no saber dar ni los buenos días, para estudiar idiomas, como el inglés, idioma de los científicos y de muchos habitantes del condado de Sussex, o el francés, tan hermoso, sobre todo cuando te lo dictan al oído, o mejor, a la oreja. Es buen momento para perder peso, para hacer deporte, para dejar de fumar, para dejar de oler pegamento, para hacer algún viaje, para componer música, para aprender a cocinar, ¡para tantas cosas!...
V. La Industria
Un buen día de primavera un colega me llamó. Me propuso la redacción de un texto para un CD-Rom sobre la Enfermedad Cerebrovascular en el que él ya había comenzado a trabajar, pues era uno de tantos médicos que trabajan en la Industria, o que compaginan su labor asistencial con la Industria. Esto supuso un aparente punto de inflexión en mi vida laboral. Al poco tiempo de estar afanado en el encargo, me propusieron un contrato en una empresa de marketing y servicios orientados a los laboratorios farmacéuticos, que, según alguien me dijo un día, son unos sitios donde valoran tu inteligencia según tu nivel de inglés [12]. Y yo, henchido de pretensiones neorrenacentistas, pues de todo hay que saber un poco, tomé tan dispar camino, según se deduce de la historia natural de mi enfermedad, la neurología. Durante siete meses vagué por oficinas y despachos, por algún hospital (como monitor de estudios clínicos), por varios aeropuertos, me convertí en un burócrata sin ilusión, sin motivación, pero con esperanza. La experiencia fue, sin embargo, muy positiva, viajé por "el lado oculto de la Luna", y aprendí cosas que, de otro modo, me hubiera sido más difícil comprender. Volví a la "INEM Neurological Society". Y me pregunté cómo podía estar tan desaprovechado, con esas listas de espera tan largas como injustas, con todo el esfuerzo realizado, ¡con lo que a mí me gustan las abuelitas!... Quizá mi amigo José María, un genio, tenía razón cuando me dijo aquello de "Los fumadores advierten: las autoridades sanitarias pueden perjudicar seriamente a la salud"...
VI. Otras actividades
Año y medio da para mucho, sólo hay que sacrificar a la novia, familia, algunos amigos, la salud... Pero suelen ser comprensivos, por la cuenta que te trae. A continuación, relataré la experiencia adquirida en varias actividades que pueden ser interesantes para "entretenerse" durante el incierto período post-residencial [1].
Traducciones médicas. Muy poco aconsejables. Aunque hablo fatal, conseguí pasar las pruebas de traductor y revisor de inglés y de francés en una editorial biomédica, sin duda, ayudado por el apremio que tenían por disponer de los servicios de un médico más o menos capaz. Fue un calvario, un vía crucis. Comencé con la revisión de un texto de enfermería general (te puede tocar hasta odontoestomatología, aunque siempre pretenden que trabajes sobre un tema acorde con tu especialidad). Se trataba de un tocho de unas 750 páginas que parecía tener más hojas que los jardines de Versalles en otoño. El primer (y el último) traductor que tuve que revisar era pésimo, decía cosas como que las sillas de ruedas tienen pedales, en lugar de apoyos para los pies, y muchas otras sandeces, hasta 40 por página. Repito, muy poco aconsejables. Y con mezquinos beneficios.
Componer música. A pesar de mi precaria formación musical, decidí comprar un sintetizador y componer alguna gansada. Es divertido y relajante. Y mandé una maqueta, con varios temas, a saber: "Neurotronics Unlimited", "Necesito una mujer" y "Tierra trágame", entre otros. Me la devolvieron diciendo que me hacía falta una caja de ritmos. Yo les deseé una caja de pino. ¡Qué desilusión!
Informática. Fundamental. Conviene estudiar, pasar horas delante del monitor, cuidando la postura sedente, conectarse a Internet, aprender a utilizar las prácticas y cada vez más sencillas herramientas y participar en la Lista de distribución de correo de Neurología de RedIRIS. "Ya no soy el mismo desde que me suscribí a la Lista; ahora, hasta tengo la piel más suave..." Imprescindible.
Las academias de preparación para el MIR. No están mal. Durante los primeros 12 meses de adjunto en Babia fueron mi única conexión con la verdad neurológica. Te mantienen al día, te obligan a estudiar, a redactar apuntes, a comentar preguntas de test, con la responsabilidad que supone saber que muchos futuros examinandos dependen un poco de ti. Los beneficios pecuniarios, moderados, toman más valor si también se consideran los intelectuales.
VII. El reencuentro
Y un buen día, que todo llega, te llaman de un Centro de Especialidades [13]. Al fin, alguien que ofrece una suplencia; existes. Inmediatamente me puse en contacto con la propietaria de la plaza, me interesé por su esguince, por la gravedad del cuadro, por si había alguna complicación, como gangrena gaseosa o fascitis necrotizante; incluso valoré si era alérgica a los anestésicos generales, si había hecho un testamento vital, si había pensado en donar su cuerpo a la ciencia... Afortunadamente para mi amiga, un cielo de neuróloga [14], su esguince curó a su debido tiempo, unas tres semanas, y heme de nuevo en la "INEM Neurological Society". Pero con otras gafas.
VIII. Epitafio, perdón, epílogo
Para ser feliz hay que hacer aquello con lo que uno disfruta, y conformarse con lo que se tiene, deseando sólo aquello que nos merecemos y nos es alcanzable. Espero y deseo que todos los miembros de la "INEM Neurological Society" nos podamos desternillar de la risa alrededor de una buena mesa, dentro de poco, de muy poco. Suerte [15].
IX. Corolario
Tomaré prestados unos versos de San Juan de La Cruz, lo mejor que he leído jamás [16]:
El que allí llega de vero
de sí mismo desfallesce;
quanto sabía primero
mucho bajo le paresce,
y su sciencia tanto cresce,
que se queda no sabiendo,
toda sciencia trascendiendo.
Para más información...
- Presley E, Sledge P, Dion & The Bellmonts. Forget me tender. J Nalgatory Pain 1992; 23: 123-135.
- Boletín Oficial de la INEM Neurological Society. Número 1. Mayo de 1998.
- Otsein L, Ezpeleta D, Whirppol Q, Whitewestinghouse AA, Kelvinator PP. Arteritis de células gigantes en la lactancia. Estudio de una serie de 124 casos y sólo 74 dientes. El Caso 1997; 42: 1345-1698.
- Ezpeleta D, Pequeñosaltamontes K, Siadelita-Sefueraconotro M. Dolicoectasia de la arteria meníngea media, podagra-like, prurito subungueal paroxístico y telangiectasias pudendas evanescentes ¿Un nuevo síndrome? JN'NPI 1996: 132: 56-60.
- Young A, Young M, Scott B, Rudd P, Evans M. It's a long way to the top if you wanna Rock 'n' Roll. En: AC'DC, High Voltage. Ed. Atlantic Recording Corporation. 1994 (digitally remastered).
- Calimero P. El mundo es una injusticia. Snif 1984; 243: 345-347.
- Torrebruno E. Soy más alto que ninguno. Pixel 1982; 12: 34 (abstract).
- Ezpeleta D, Valdés J. Coffee induces dysphagia. J Necrology 1997; 28: 12-14.
- Ezpeleta D, Valdés J. Coffee induces dysphagia. A review. J Necrology 1998; 28: 932-938.
- Sade M. Nouvelles formes de jouir de la douleur: lecture d'un Ridiculum Vitae. J Souffrance (Paris) 1791; 3: 34-68.
- Sabatini de Ostolaza SHTWE. Etee... ssho pude. Boletín de la Universidad de la Patagonia. Nº 7: 23-25.
- Calvin RD Jr, Martínez PP, Sánchez-Portillo R. Nuevos métodos para implementar las teorías del merchandising a nivel de un networking que se base en la priorización de los recursos con relación a los targets médicos. La Chimenea 1992; 9: 119-127.
- Cuenca-Morales C (El Ceferino). Every pig gets his own "San Martin". J Anim Morcillology 1972; 22: 53-60.
- 91-5537665, de 15 a 23 horas.
- Bostov B. El fútbol es así. Diario Marca 1976; Domingo de Ramos: 0-1 (y de penalti).
- San Juan de La Cruz. Poesías. Edición de Paola Elia. Clásicos Castalia. Pag. 120.
David Ezpeleta
Mayo de 1998
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